Exposición
TRAS VENECIANAS - ISACIO

FUENTE: RENÉ JESÚS PAYO HERNANZ
Vicepresidente de la Asociación de Críticos de Arte de Castilla y León

Es Isacio de la Fuente -conocido en el mundo artístico simplemente como Isacio- una de las grandes personalidades del arte castellano y leonés de los últimos 35 años. Consideración apreciada por Jesús Celis, Director del Instituto Leonés de Cultura, ILC y por Luis García Director del Departamento de Arte y Exposiciones del ILC, quienes en el 2011 realizaron una exposición retrospectiva, en la Sala Provincia y en el Centro Leonés de Arte del ILC de la Dipu­tación de León, y que bajo el título Introspección fue una puesta en escena de algunos de los episodios más destacados de los últimos 20 años de la creación plástica de Isacio.

Aunque nacido en Villamoratiel de las Matas, en la provincia de León, desarrolló su aprendizaje artístico inicial en el Instituto Masculino de Burgos -donde culminó sus estudios de Bachillerato- de la mano de Rigoberto González Arce y en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad, en la que sus capacidades innatas para el arte se fueron perfilando, logrando una gran formación que le situaría en una magnífica posición para completar sus estudios superiores en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco (1975-1979) obteniendo en este centro académico su Licenciatura.

Siempre he considerado que para triunfar en el mundo de las artes hay que tener un genio innato. Pero también creo que la genialidad debe despertarse y ejercitarse a través del estudio y la preparación. Isacio es de esos artistas que tiene la fortuna de poseer un talento indiscutible y una sólida formación iniciada en el academicismo y que pronto se trocó en vocación por la innovación al socaire de las tumultuosas propuestas formales que en el hervidero del campus universitario de Sarriko tuvo la oportunidad de compartir con profesores y compañeros en un momento, la segunda mitad de la década de los Setenta, en que todo en el mundo de la creatividad artística era puesto en duda y en que cualquier artista que se preciara quería siempre dar un paso adelante. Y esto es lo que hizo Isacio, siempre desde el perfecto conocimiento de las téc­nicas y del pasado, pues es imposible avanzar, innovar, soltar amarras… si no se tiene plena conciencia de lo hecho anteriormente. Los frutos de su talento y vocación innovadora empezaron a germinar en la década de los Ochenta, en que su vida profesional quedó orientada en dos campos. En primer lugar, hacia el mundo de la docencia, logrando una plaza de Catedrático de Dibujo en 1983 en unas reñidas oposiciones que se desarrollaron en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense en 1983. Desde esa fecha ha ejercido una intensa labor en este campo hasta 2015. La segunda de las actividades a la que ha dirigido sus quehaceres ha sido la creación e investigación en el mundo de las artes en las que ha sobresalido a nivel nacional.

La búsqueda artística ha sido su gran pasión. Una búsqueda que se inicia con una etapa de adhesión a los postulados del expresionismo o de la pintura matérica y que poco a poco irá desembocando en una profunda reflexión sobre los nuevos soportes del arte, los límites de los géneros y las tipologías artísticas o la necesidad de entender sus obras como formulaciones en las que tuvieran tanto peso las formas como los planteamientos conceptuales a través de los cuales se trata de establecer un rico, dinámico y no cerrado diálogo con los espectadores. Su obra adquiere especial relevancia a nivel nacional en los años Noventa, siendo Madrid uno de los espacios habituales de sus exposiciones donde siempre lograron una magnífica acogida. Las instalaciones, el videoarte, las nuevas tecnologías digitales o las performances ocupan en el universo creador de sus últimos cuatro lustros un papel trascendental pero siempre compartido con sistemas más tradicionales de expresión. He aquí buena parte de la riqueza e interés de sus propuestas que, en estos años, han encontrado en su gran proyecto Espacio Conectado -su gran casa museo a la vera del Camino de Santiago en Rabé de las Calzadas- un magnífico ámbito de desarrollo.

Entrar en su taller es una experiencia única y gratificante. Es comprender cómo ha evolucionado su creatividad; cómo la materia o las más recientes tecnologías generan formas cargadas de significados; cómo se gestan en la mente del artista sus complejas producciones; cómo se unen dinámicamente pasado y presente y tratan de proyectarse en el futuro; cómo su mente, siempre efervescente, camina en paralelo a su capacidad de materializar sus ideas. No haré un recorrido por la intensa vida artística de Isacio, que casi alcanza las cuatro décadas de acción creativa, ni haré un resumen de sus decenas de exposiciones y premios. Para eso están los catálogos y estudios de su obra que, en número superior a los 40, resumen su notable trayectoria. Me centraré en su última propuesta, Tras Venecianas, gigantesco proyecto expositivo tanto por la audacia de plantearse en tres sedes, como por su planteamientos formales y conceptuales con los que se pretende dar otra vuelta de tuerca más en su proceso creativo y en su relación con un público que disfrutará de las formas y reflexionará en torno a las preocupaciones del creador.

Tras Venecianases, sin duda, una de esas propuestas que quedarán en los anales de nuestra historia expositiva. Isacio ha querido jugar con lo visible, con lo que se atisba y se oculta parcial o totalmente al espectador que tendrá un papel fundamental en el proceso de reconstrucción conceptual que se nos plantea. Ya el propio título de la exposición nos empieza a conducir por la senda de ver, intuir, reconstruir, ponerse en la mente del artista y coincidir o no con él en el mensaje. Todos recordamos ese juego de abrir y cerrar las venecianas tras las cuales se hallaban universos que podían ser vistos de forma distorsionada, con matices distintos según el grado de apertura de las mismas, o también según su mejor o peor conservación. Realidad que en un momento determinado puede vedarse de forma brusca a un público que tendrá que usar de su memoria visual y su capacidad de recreación si quiere entender lo que sucede tras ellas. Realidad que a veces se oculta tras una máscara, como en los carnavales de la ciudad de los canales, que hace que observemos con la presunta seguridad de no ser reconocidos y que nos invita a imaginar qué hay detrás de ella, en un acto mental de profunda creatividad. Ese es el juego de la exposición: ver y no ver, transmitir conceptos ambivalentes, incitar al pensamiento, permitir un complejo diálogo entre artista y público tomando como vehículo un lenguaje susceptible de varios niveles interpretativos… Todo ello es el leitmotiv de una exposición que evidencia la plena madurez del artista.

Los capítulos de la muestra se suceden sin solución de continuidad en un intento de llevarnos de la materia o la imagen a la reflexión. No solo queda­remos impresionados por la fuerza de muchos de sus murales de gigantescas proporciones o por el carácter más íntimo de otras creaciones, sino que de manera inmediata nos veremos compelidos a buscar empatías intelectuales con un artista que ahora, más que nunca, aparece comprometido y crítico con el mundo que le rodea, trasladándonos mensajes de cariz filosófico o social y en los que el juego de lo visible y no visible, con el que en muchos casos se nos plantea su acción comunicativa, es el mecanismo usado para estos fines. Acaso ¿no es la máscara algo más que un juego y se convierte en uno de los medios empleados para transmitir grandes verdades bajo el manto del anoni­mato y del pasatiempo carnavelesco?

En las grandes composiciones Tras las venecianasse nos acerca a un mundo onírico y real que el artista nos permite entrever, donde se recrea el movi­miento, en un homenaje al arte cinético, con formas estables, y en el que, con planteamientos técnicos y formales convencionales, se nos recuerdan muchas de las experiencias con nuevas tecnologías e instalaciones con las que en los últimos años ha desarrollado buena parte de su producción, en un sofisticado proceso reflexivo que sorprenderá al espectador y no solo por el cromatismo -a veces geométrico y otras orgánico- sino también por la capacidad de emplear gramáticas distintas sobre idiomas formales y técnicos diversos. Re­flexión que se inicia sobre su propia actividad artística en series como Fuego interioren la que se nos muestra esa potente llama, más fuerte que el resto de las pasiones humanas, que define la potencia del verdadero creador. Su pro­ceso autorreflexivo, en este caso sobre la actividad mantenida en el tiempo, continúa en Jornada a Jornada que es un buen ejemplo de instalación abierta, en este caso, a la participación de sus colegas de las artes, lo que dará lugar a una experiencia dinámica sobre la base de una propuesta inicial. Todo ello se completa en Mi Diario donde se nos insinúa que esa fuerza impulsora de la acción artística de casi nada vale sin unirse al trabajo cotidiano.

El espíritu profundamente crítico de Isacio aflora a través de muchos de los capítulos de la exposición. Desarrolla así la tradición del artista comprome­tido, que no entiende solo el arte por el arte, como un ejercicio meramente estético, sino como un útil instrumento de visualización de nuestros demonios colectivos. En Mare Nostrum Cementerium, recobra sus orígenes expresionistas para enfrentarnos con realidades de dolor y sufrimiento que tienen lugar en nuestro entorno inmediato y que lamentable e indecorosamente asumi­mos como algo inevitable. Las expresivas formas sirven para presentarnos el mar, en torno al cual surgió la civilización occidental, como el cementerio que muestra la crisis de unas sociedades que son incapaces de estar a la altura de los ideales sobre los que, en teoría, se encuentran cimentadas y cuya grandeza moral puede diluirse de la noche a la mañana. En Arbeit Mach Frei -frase que puede traducirse como el trabajo libera y que aparecía, de forma irónica, en los campos de concentración nazis- trata de hacer un recordatorio del destino que puede esperar a un Occidente cada vez más replegado sobre sí mismo ante el miedo al “otro”. El expresionismo de este imponente mural no está exento de un cierto toque de esperanza en el hombre que a pesar de quedar reducido por sus semejantes a la muerte -mostrada en una legión de esqueletos- es capaz de mantener los sentimientos más humanos reflejados en las poses de los muertos que por encima del horror siguen siendo capaces de reflejar amor. Esperanza en el hombre que se vuelve a mostrarse en Decidme cómo es un árbol, homenaje a Marcos Ana preso político y poeta, en el que la desesperación de la cautividad queda, en parte, superada por el afán poético de reconstruir aquello que no se ve pero que se intuye a través de esa especie de venecianas horizontales que son las rejas de una prisión, trabajo en el que las texturas parecen recordarnos los cartones de tapices -igual que en el homenaje al ciprés silense- donde se juega con la idea de la obra acabada pero que es susceptible de una nueva interpretación a través de nuevos soportes materiales en un proceso artístico abierto. Otros temas de actualidad como el Frackingson excusa para el desarrollo de creaciones con las que, con una potente formalidad basada en la tradición del Ingenuismo, transmitir mensajes en relación con nuestro mundo. Un mundo de consumo sin mesura, en el que no solo casi todo se vende sino en el que también casi todo es objeto de la degradación de un mercado siempre en búsqueda de una promoción desmesu­rada que es criticada en la instalación Souvenir. Una sutil reflexión se desarrolla en su espectacular composición A la rueda, en la que además de mostrar un profundo conocimiento de las técnicas de representación espaciales se analiza cómo lo pequeño, como una minúscula rueda, puede facilitar un notable mo­vimiento cuando se aplica a un andamio, hecho este que puede extenderse a muchos de los esfuerzos inútiles de nuestra vida -físicos o emocionales- que de ser desarrollados con mayor inteligencia serían mucho más rentables.

El proceso de crítica del artista a su entorno a veces queda plagado de ironías sutiles. En Las Autonomías salen del armario, las venecianas se vuelven dúctiles, adquiriendo formas sinuosas en un intento de dejarnos ver los anhelos territoriales, plasmados a través de explosiones cromáticas. Como ocurre en el mejor arte conceptual, título y forma aparecen profundamente maridadas tratando de conseguir que el público adquiera un papel no solo activo sino también cómplice. El juego irónico/conceptual vuelve a aparecer en composiciones como Golosina Arte y Apoya Arte en las que en ocasiones se rememora el Art Trouvé y se nos hace pensar sobre el carácter potencialmente artístico que tienen todos los objetos, por sencillos que nos parezcan, siempre y cuando exista una voluntad creativa y un esfuerzo interpretativo. “Arte En­contrado” que en Lato Apribile, en El que guarda halla o El que guarda para otro guardaalcanza su plena significación.

Ni siquiera el arte de los “consagrados” se libra de la irónica mirada de Isa­cio. Ya lo ha hecho en otras ocasiones jugando con artistas u obras icónicas del pasado. Ahora, de nuevo, vuelve su mirada sobre buena parte del mejor arte contemporáneo español y europeo a través de sus Bromaso juegos que parten de los clásicos carteles de exposiciones de grandes maestros, editados por la Polígrafa, y que son analizados y transformados (intervenidos) por una peculiar mirada en un intento de ocultar y resaltar elementos, dando lugar a una nueva visión en la que el texto reinventado y las formas dialogan dinámicamente.

Locos-Cuerdos. La Clavees una sutil reflexión sobre el mundo de los límites difusos. Límites entre la razón y la sinrazón. Límites en la percepción que tenemos de los demás y que estos tienen de nosotros. Límites que, a pesar de nuestros esfuerzos de categorización, Isacio nunca se plantea como una fron­tera rígida sino como espacios metafóricos por los que transitar con libertad interpretativa. Porque a veces el sueño de la presunta razón no produce mons­truos sino nuevas imágenes de un universo multiforme en el que casi no hay verdades absolutas. Sueño de la Razón que aparece con fuerza en los mundos imaginarios del artista -Aliens. Pasajeros- o en territorios reales cargados de una potente fuerza evocadora -en ocasiones lejanos como Círculo Polar Ártico, en otras próximos como Arauzo de Miel y a veces genéricos como Percha Energética- que son vistos a través de las singulares lentes mentales que nos coloca para su contemplación, lo que también nos permite adentrarnos en espacios físicos y metafísicos imaginados como ocurre en Ensoñaciones y en Paisajes Deconstruidos. Un mundo futurista, con ciertos ecos de Sant’Elia, queda reflejado en Invernadero donde la imagen urbana convencional tiene su contrapunto en una suerte de construcciones cristalino-anulares que nos generan desasosiego y nos evidencian ciertas connotaciones surrealistas.

El ámbito de la memoria, que ocupa y preocupa al artista, queda analizado conceptualmente En el Recuerdo. Pista de Patinaje, donde los patines ge­neran incisivas marcas sobre el hielo que se entremezclan dando lugar a una densa red de acciones prendidas de forma confusa, como imágenes del ayer, y transformadas en nuestra mente. Recuerdos que luchan por aflorar o que, a veces, quedan conscientemente relegados al olvido como se nos intenta mostrar en Censura. En Recuerdo, donde se vuelven a emplear formas lineales que se nos interponen ante las remembranzas de un pasado que solo se intuye.

A veces las introspecciones creativas de Isacio se plantean sobre el origen de formas y volúmenes, con un claro dominio de las técnicas representativas, tal y como sucede magistralmente en La Energía del Cuadradodonde la paradoja, elevada a sus más altas cotas, hace que predomine el rectángulo. Paradoja que en su Punto y Apartetambién queda evidenciada al mostrarse una suerte de continuidad formal que hace que unas formas deriven de otras. En su gran agrupación D Espaciosanaliza la multifocalidad visual en un ejercicio volumétrico que supera el mundo del Cubismo para generar una suerte de composición de raigambre futurista en la que la luz se convierte en un elemen­to fundamental.

El video, como en otras de sus propuestas expositivas anteriores, alcanza un gran protagonismo en este último proyecto creativo con cuatro espectaculares creaciones: La marca y el marcaje, Echoes, Ovni y Debate D-espectros, en las que el artista trata de analizar las complejas relaciones de la especie humana con su entorno o nos transmite, a través de potentes imágenes, sus divagaciones sobre la comunicación con otros mundos espectrales o galácticos.

Tras Venecianases un viaje apasionante a la mente creativa y a la capacidad de hacer de Isacio de la Fuente que se encuentra en la cima de su carrera creadora. Nos hallamos ante una exposición multiforme en relación a los géneros (pintura, escultura, instalaciones o video), a las técnicas y a los sistemas expresivos que van desde planteamientos más convencionales hasta apuestas más innovadoras ligadas a las nuevas tecnologías. No se queden, por favor, solamente en el gran espectáculo de la forma o de la técnica y den un paso adelante introduciéndose conceptualmente en un mundo cargado de significados, en una muestra que permite al artista hacer un balance de lo hecho hasta ahora, desde el punto de vista formal y conceptual, pero que como ya es característico en su biografía da un gran paso adelante fruto de su continua reflexión sobre el proceso creativo.

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