Exposición - 'herminio - equilibrio'

herminio equilibrio

el magnetismo de la ilusión. pepecarazo

Herminio como escultor magnético de la atmósfera creativa, nos propone la levedad del “equilibrio inestable”, algo equivalente a la suspensión de objetos en un espacio sin gravedad. Todo parece sujetarse con alfileres e hilos invisibles que tejen una red de atracciones y mantienen los útiles en un simulacro de danza espacial, en el cual flotan en sincronizados pasos de baile generalmente por parejas que se miran de frente, se atraen y se repelen. Visualmente es un momento espectacular que físicamente trata de acercarnos y nos interroga, sin embargo esto no debe distraernos del interés principal; no son hilvanes en sí, sino que son los propios objetos, que en el esfuerzo de sus escorzos imposibles crean espacios interlineales en permanente dialogo.

En esta conversación todo parece tan efímero que pudiera quebrantarse tan solo con cambiar nuestra mirada, que apenas pueda sujetarse un instante más después de volver la vista. Todo se puede desvanecer, desmoronarse su estabilidad, su equilibrio desaparecer, su ser descomponerse para que se precipite en un vertiginoso final... como sucede en tantas operas.

No es así, el creador Herminio no ha dejado al azar ni un solo pespunte, ni un cabo suelto, cual buen marinero: todo esta atado, sujeto con el espíritu del artífice de tantas creaciones. Es su pensamiento siempre presente el que equilibra el balancín de la equidistancia magnética, el que maneja el fiel de la balanza y el que controla el vértigo en el que podría desembocar todo su mundo, sus composiciones, sus esculturas...

Son cuerpos que organizan sus propios espacios y se mantienen en el “difícil equilibrio del equilibrio”, que parece cambiar de continuo para fundar indefinidamente nuevas oportunidades que dan vida a la concepción final del universo creador de Herminio.

Las esculturas actúan como tótems que juegan con nuestra voluntad y dirigen nuestra mente por los espacios vacíos en busca del ser interior que soporta el juego irreverente de las masas. Los volúmenes gozan de una dimensión espacial mientras mantienen las principales formas y el color. El dibujo esta siempre presente y viene expresado por las propias líneas que aportan la rotundidad de las esculturas. Sus objetos gozan de una inestabilidad bien administrada que los convierte en estables; en ocasiones su movilidad y fragilidad parecen efímeros e irreverentes por su postura.

Al descubrir su escultura se produce un gran impacto en nuestra mente, nos llega desde su creatividad, distinta a tantas cosas que hemos visto y vivido; también recibimos la huella que deja la sensibilidad de Herminio cuando se hace escultura. Su obra esta formada mediante líneas que expresan direcciones, delimitan espacios huecos que forman parte de la propia obra, a veces prolongándola con el silencio encerrado en una urna transparente, en la que siempre parece conseguir el vacío para poder mantener en equilibrio los filamentos desde un planteamiento mínimo, limpio, aséptico que es la manera de alcanzar tanta armonía en estas creaciones de rayas con color en la que se libera de las masas y deja el espacio en silencio para que lo rellenemos con nuestra inquietud. Son huecos habitados por invisibles duendes que sujetan el mismísimo equilibrio en la lucha por la estabilidad, la cual llega desde su fuerza interior que sujeta todos los elementos con descaro frente a nuestra ingenuidad.

El protagonista de estas esculturas es el propio grafismo dibujado en el espacio.

¿Cómo consigue provocarnos este vértigo? Herminio es un experimentado físico que se apoya en las leyes íntimas del magnetismo y así consigue jugar con nuestro entendimiento; la práctica que hemos acumulado a lo largo de la historia sobre estabilidad nos traiciona, se ve quebrantada, nos cuesta encontrar una respuesta dentro de nuestra mente. Sin embargo, Herminio se recrea y sus espacios salen vencedores en la relación entre razón y experiencia.

La presentación de su obra en este juego de gravedades deja al descubierto la delicada situación de nuestro entendimiento frente a lo desconocido. Herminio no coloca sus esculturas convencionalmente, no; él las elige una por una para adaptarlas al espacio expositivo, extrayendo el mejor significado posible de la lectura de cada obra y de la muestra en su conjunto. Con esta concepción de los volúmenes dota a sus esculturas de un espacio exterior, en el que no deja que interfiera nada que pueda contrarrestar la propia personalidad y su presencia individual.

Son objetos que sugieren intranquilidad ante el siguiente paso: lo desconoci-do. A través de los campos magnéticos, Herminio nos obliga a dar respuestas a la razón y nos ayuda a controlar la mente. Solo buscando en los secretos de su perfección artística encontramos justificación.

Entrar en sus geometrías es penetrar en un espacio de belleza que se produce por acumulación de sensaciones y recuerdos que recuperamos de nuestra memoria, y que hacen salir nuestros sentimientos al exterior; son sensibili-dades que proyectamos sobre los espacios ingrávidos que tenemos delante.

Contemplar sus obras es actuar en ellas, escudriñando entre sus vacíos, sus espacios, sus materias y entre estas descubrir sus misterios. Observar sus creaciones es encontrar visualmente las sombras que proyectan sobre suelo y pared, que Herminio estudia para crear un microclima que amplia el espacio escultórico: nada queda al descuido.

Herminio, el observador, el calculador, pone todo su cono-cimiento delante de nuestros ojos y nos ayuda a reflexionar sobre nuestras propias inseguridades. Las suyas quizás, sean los monstruos de su propia imaginación, pues las obras reflejan fielmente la personalidad del artista. Como siempre el creador desnuda su alma en cada trabajo e in-tenta trascender el tiempo y la historia.

Son obras para los demás, para los otros, para nosotros... Sus propuestas son ideológicas, porque Herminio es un compendio de ciencia, son sus obras las que nos convencen, en ellas encontramos su filosofía, su física y su ética, solo desde esta concepción racional y espiritual tiene explicación esta muestra, una puesta en escena que invade de magia todo el ámbito expositivo de la Fundación cajacírculo.

El gran reto que nos propone Herminio en habitar sus espacios metafísicos, dejar volar nuestra imaginación y vencer las leyes de la gravedad hasta bailar flotando en el campo ingrávido como lo hacen sus objetos y acabar formando parte de su obra.

Para descifrar estas esculturas es necesario conocer al artista, no solo cuando las creaciones están acabadas sino desde el principio, desde que nacen, primero en el pensamiento y más tarde comienza el proceso creativo físico, el que Herminio desarrolla en su taller donde trabaja con el alma al descubierto. Aquí está el investigador, el ser inquieto y el artesano rodeado de experimentos, enseres y herramientas adaptadas o realizadas por él mismo que ya en sí son obras de ingenio.

Se muestra feliz en la infelicidad del artista, nos deja ver las pruebas, hace funcionar las esculturas móviles, con vida propia, disfrutando de sus propios éxitos, de los extraños objetos compañeros de su vida; nos introduce en un mundo iniciático lleno de enigmas; además, nos descubre su universo con la sinceridad del creador que está satisfecho de enseña los secretos de su verdad.

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